Feminismo desde mis entrañas, segunda parte.





Sigo escribiendo, mis entrañas me llevan ahora a experiencias concretas:


Voy caminando por la calle esta mañana, Vodafone pone un anuncio en las calles de Madrid que dice: “seguid luchando, reinas”, acompañada de una imagen que imagino pertenece a la serie “Juego de Tronos”. A priori podría parecer inofensivo, sin embargo viéndolo con más detalle no deja de ser una estrategia comercial ¿de verdad mis derechos como ser humano se pueden usar para vender un canal de pago? Parece ser que sí. Qué triste que nos desvaloricen así, tan encubiertamente y a la vez tan en abierto.

Primera paciente del día: mujer maltratada. Y no contento con pegarla, insultarla y amenazarla, su marido se va con otra y esto hace que ambas discutan ¡como si ellas tuvieran que competir para ver con cuál él decide quedarse! Sin darse cuenta que las dos están siendo engañadas y mal-tratadas. Otra vez los derechos vulnerados. Ideas de la sociedad machista que se cuelan en nuestra vida privada y nos hacen vulnerables. Encima entre nosotras nos peleamos. En fin.


Ahora me vienen todas las que ya no están. Mujeres como tú y como yo que no tuvieron la suerte de ver un nuevo día. Violaciones. Asesinatos. Impotencia. Rabia. Miedo. Miedo a caminar sola por la calle. Quiero que esto acabe.


Mis entrañas me recuerdan todas las veces que yo misma sufrí machismo: burlas sobre mi físico, mi altura (como si solo los hombres pudieran ser altos), mis gustos y aficiones, mi forma de comportarme. Me hicieron sentir que yo era menos mujer por no encajar en lo que se esperaba de mí y me convertí en un estereotipo donde podía encontrar hueco: pasé de la niña "chico" a la mujer fatal, rechanzando en gran parte la energía Yin, enfadándome con cada muestra de mi personalidad que me acercaba a ella, teniendo que ser "fuerte" (o lo que esta sociedad cree que es fuerza) y negándome el derecho a dejarme cuidar, a parar de luchar por todo, a decidir quién soy. Así caí en relaciones de pareja realmente dolorosas, por no saber parar, por solo dar, por no creerme en el derecho de pedir y recibir. Por tener que ser cuidadora, o salvadora, por tener que ser querida y dejar que el otro definiera mi valía. También recuerdo los comentarios sexualizados, los momentos de acoso, las veces que tuve sexo sin tener muchas ganas porque era lo que se esperaba. Momentos que me hicieron alejarme de mis necesidades reales y ver la sexualidad totalmente desvirtuada. Pero de todo esto no tengo la culpa, no. Como tampoco es vuestra culpa. Porque sé que muchas os habeis sentido identificadas.


Mis entrañas se calman un poco gracias a la escritura, pero tengo cada vez más claro que la lucha debe seguir, que debemos ser cada vez más hermanas, cada vez más juntas, cada vez más nosotras. Y sé que los hombres deben quitarse la venda y acompañarnos en esta batalla tan necesaria.


Feminismo, sí gracias.

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