Feminismo desde mis entrañas




Me siento frente al ordenador y me pregunto: ¿qué puedo escribir yo sobre feminismo que no haya sido escrito ya por gente con mucho más conocimiento sobre el tema? Y de repente siento cómo mi cuerpo se activa, mis entrañas me recuerdan cada momento de machismo al que he sido expuesta, no solo por los hombres sino, incluso, por mí misma. Y es que esta sociedad es así, machista.


Hoy es 8 de marzo y Madrid se paraliza. El orgullo se mezcla dentro de mí con la rabia y la pena. Pena porque, lamentablemente, el 8 de marzo sigue siento un día muy necesario. Y digo lamentablemente porque significa que aún tenemos que luchar por tener un lugar (digno) en el mundo. Por romper las cadenas que nos han impuesto una y otra vez. Por superar los baches que nos pone quien nos tiene miedo y odio. Sin embargo, la lucha da resultados y este es nuestro orgullo. Cada mujer que un día alzó la voz hace que yo pueda hoy estar aquí, compartiendo mis sentimientos y haciendo que mis escritos lleguen a todas vosotras. Entonces es cuando me viene una palabra a mi mente que llena el alma: sororidad.


¿Os cuento algo? La sororidad no es algo nuevo. La sororidad ya la practicaban las mujeres salvajes, las chamanas y las brujas. Y por eso las persiguieron y quemaron en la hoguera, por eso tuvieron que poner a la razón en un lugar privilegiado por encima de la intuición, riéndose de este poder y de esta gran virtud. Para enfrentarnos, separarnos, debilitarnos y dañarnos. Pero no se dieron cuenta que esto devastaría el mundo, no solo a las mujeres, sino también a los hombres, a las personas que no se identifican con ninguno de los dos géneros, a los animales y a la naturaleza. No se dieron cuenta que una energía no era mejor que la otra y que rechazar un polo desequilibra el otro. Tampoco se dieron cuenta que ambas deben existir, porque son intrínsecas. Que una lleva dentro a la otra. Se equivocaron.


Nuestro poder, mujeres, es ancestral, arquetípico. Vive dentro de nosotras una fuerza que escapa al conocimiento mental, que está ahí, hasta ahora latente porque no podíamos gritar, pero que se va liberando minuto a minuto. Todas lo tenemos aunque algunas hemos estado muy desconectadas de él. Y cuando surge el feminismo, algo se revuelve, algo vibra, algo se activa. Es nuestra mujer interior, con toda su energía femenina (y digo femenino porque es el nombre ancestral, pero podemos decir Yin, o energía lunar, si os sentís más identificadas). Es nuestro linaje, no solo familiar, sino histórico, evolutivo, animal. Es nuestro legado y nuestra verdadera belleza reside ahí, en la esencia.


Pero el feminismo no solo nos hace avanzar a nosotras, sino a ellos también. Porque la misma energía también está en los hombres. Y es en el equilibrio entre el Yin y el Yang interior, en el de ellos y en el nuestro, donde descansa la paz, la armonía, la serenidad. Y es equilibrando esto donde llegamos al entendimiento y al respeto y, por qué no decirlo, a un mundo mejor. Un mundo sin tantas guerras ni luchas, sin tanta sangre ni asesinatos. Porque igual de malo es el estereotipo para la mujer como lo es para el hombre. Porque somos, y esto no se nos puede olvidar, seres humanos, seres vivientes y también sufrientes. Seres con necesidades profundas. Y en el Ser, en el sentir, allí se encuentra el camino.


Mis entrañas también me indican que mi lucha como mujer no solo es la de todas las mujeres, sino que es la de todos los seres humanos. La veo a diario en cada persona, la veo cuando escucho y ayudo a las mujeres y hombres que cruzan mi puerta llenos de llagas y heridas producidas, en gran parte, por el machismo y el heteropatriarcado. No lo saben, pero estas dos palabras son la causa de muchos de sus sufrimientos.  Maltrato, desprecio, exigencias, roles... Dolor. Personas con la piel herida y magullada buscando respuestas, con el alma en carne viva sin entender por qué han de ser así, como les han dicho, con un papel en este mundo que esconde un inmenso sufrimiento latiendo en sus pechos. Hombres y mujeres con energías desequilibradas que no entienden por qué no se sienten bien en sus vidas.  Y es que el machismo no solo nos afecta a nosotras, también a ellos. Los hombres no sois los enemigos, sois también víctimas de los verdugos que quieren dominar el mundo. Pero precisamente por eso vuestro compromiso es aún más grande con la causa. Nosotras nos estamos levantando y liberándonos de las cadenas. Necesitamos que vosotros hagáis lo mismo. 




¿Feminismo? Sí, gracias.


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